Un poco más irlandés que ayer


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Los aficionados de Irlanda del Norte: la verdadera joya de la Corona

Lo han hecho. Me han robado el corazón. La afición de Irlanda ha hecho que me sienta un poco más irlandés, del sur y del norte. Más de lo que me venía sintiendo habitualmente, o séase nada. Llegué a esta Eurocopa con aspiraciones de ver fútbol y lo que no me esperaba es que una afición, para mí ‘desconocida’, me dejase boquiabierto.

Los plastic paddies, como se les empezó a conocer de manera despectiva tras la decisión de no sumarse a la independencia, están asombrando, junto a sus hermanos del sur, a Francia pero, sin duda, al mundo. Esta marea verde se caracteriza por dejar marca allá a donde va. Y, dicho sea de paso, no deja malestar en las diversas localidades francesas que disfrutan con sus fiestas. Porque lo que montan los aficionados de Irlanda del Norte antes y después de los partidos son auténticas fiestas.

Tanto les da ponerse a remar en medio de la calle, como aprovechar cada vez que ven una ventana abierta en un edificio para intentar colar un balón. Y hasta la fecha no se han visto cristales rotos.

Tampoco les importa dejar a un lado el griterío si en un tranvía se encuentran a una pequeña joya a la que ya le es hora de dormir. Pero no se cortan un pelo en cantar canciones religiosas si la que se cruza en su camino es una monja en el viaje a un partido.

Han puesto a jóvenes francesas a bailar alegremente, han piropeado con elegancia y cachondeo a una agente de policía y han dado muestras de su amabilidad. Muestras tales como cuando no dudaron en ayudar a un matrimonio a cambiar una rueda después de un pinchazo, o cuando abrieron paso de manera muy particular a un joven que quería atravesar en bicicleta la calle que ellos estaban ocupando.

La última muestra de solidaridad se produjo antes del último partido, el que les dio el pase a los octavos de final. Un poco sobreexcitados por el alcohol, se pusieron a animar percutiendo sus manos contra un coche. Al darse cuenta de que la carrocería se había abollado –y tras intentar devolverla a su forma original con más golpes– no dudaron en abrir sus billeteras e introducir billetes por todas las ranuras del vehículo con el fin de que el propietario se costease la reparación.

Y la última prueba de que me han robado el corazón a mí, y posiblemente a ti, es que hasta la policía francesa ha sucumbido a sus cánticos. Esto fue lo que sucedió en Burdeos la noche en que la lluvia no pudo aguarles la fiesta. Varias decenas de aficionados se refugiaron en un túnel y la policía vino con la intención de echarlos. Con la intención nada mas.

En fin, que quedarán historias por contar y anécdotas por descubrir, pero lo que es seguro es que la afición de la República de Irlanda y de Irlanda del Norte se merecían un post en este blog. No me olvidaré de que me habéis robado el corazón. Y nunca podré olvidarme –y deseo no hacerlo jamás– de que se puede disfrutar del fútbol sin violencia y con la convicción de que animar a tu equipo suponga un ejemplo de diversión y buena conducta a lo largo y ancho del globo terráqueo.

¡Ah! Y tampoco podré olvidarme de que ‘¡Will Grigg’s on fire!’

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