La contradicción del silencio


Quizás algún día haya pensado en la posibilidad de regalarte la luna (Foto: Víctor Nuño)

Quizás algún día haya pensado en la posibilidad de regalarte la luna (Foto: Víctor Nuño)

Quizás te quiero. Quizás te quiero y no puedo decir nada más. Porque nada es suficientemente sincero ni exacto para reflejar lo que siento por ti. Te añoro. Te echo en falta. Simplemente el imaginarme tu mirada fijada en mi rostro me hace enfermar. Esos dos ojitos, esos labios, esa sonrisa y ese rostro que no me lo dice directamente pero que me deja entrever que “puedes decirme lo que quieras, yo quiero confiar en ti”. Me enfría y me recuerda lo que significa tenerte a mi lado.

Te echo de menos a cada bocanada de aire. Cada vez que respiro me falta el oxígeno porque parte lo consumo en el pensamiento que me lleva a ti. Fueron solamente unos días, quizás semanas, pero yo lo tenía claro. Aquella chica eras tú. No había duda.

Los pequeños detalles marcan la diferencia. Pero es que a mí lo que me interesa es engrandecerlos, porque nada más grande hay que tú. ¿Para qué expresar lo que se me pasa por la cabeza con diminutivos si puedo ser totalmente sincero?

Si no te caracterizases por esa magia que desprendes al mirar te diría que te quiero. Pero como eres más que unos ojos, unos cabellos, una sonrisa o un caminar, he de decirte que la complejidad de tu ser es la que me hace débil. Porque cada vez que te imagino mis defensas se exilian en busca de un mundo mejor. Saben que no hay nada que hacer, que en el momento en que decidí ir viento en popa no pensé en que nada ni nadie me fuese a parar.

Cada vez que inhalo una bocanada de aire pienso en cada mililitro de oxígeno que pudo haber pasado por tus pulmones y me creo el rey del mundo al imaginar que respiro tu mismo aire. Lo mismo sucede con mi pasos, a cada zancada creo pisar tu mismo suelo. También pienso que, a veces, miro lo mismo que tú miras y creo en lo mismo que tú crees. Quizás haya quien lo llame enfermedad.

Yo, médicos aparte, prefiero basarme en el diagnóstico de la experiencia. Solo puedo definir lo que me pasa con una palabra: tú.

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