Hasta la vista, baby


Los Beatles, delante de un cartel que recoge la antigua expresión escocesa 'haste ye back': vuelve pronto.

Los Beatles, delante de un cartel que recoge la antigua expresión escocesa ‘haste ye back’: ‘vuelve pronto’.

Quienes hayan visto la versión doblada de Terminator no tienen por qué saber que, allí donde a nosotros nos vendieron un ‘Sayonara baby’ el bueno de Arnold pronunciaba en realidad un ‘hasta la vista, baby’. Es que claro: poca gracia iba a tener un extranjero hablando extranjero con acento más adaptado que Bruce Lee dentro de un vaso de agua.

Hace un rato me he despertado y en mis planes está el marcharme de aquí. El motivo: mañana un avión volará desde Londres dirección Asturias y la asignación de asientos me ha otorgado uno, previo pago religioso hace algo más de un mes. Y el tiempo ha pasado, valga la paradoja, volando. Unos pocos pestañeos hacia atrás y me veo cual FC Barcelona en semifinales contra el Inter de Champions hace uno cuatro años, colgando balones a la desesperada y hasta con el utillero en el área rival. Estoy metafóricamente empalagoso y literalmente cansado, así que diré que parece fue ayer cuando no conseguía encontrar piso. Afortunadamente, el azar, el destino y las velas de colores de la bruja Lola hicieron efecto y la edificación desde la que redacto estas líneas de despedida ha sido mi casa durante mi estancia aquí.

A todo el mundo que me pregunte a partir de ahora le diré que, si puede, es obligatorio realizar un erasmus. Pero como esto no lo lee ni Dios, esta frase habrá caído en saco roto y posiblemente tendré que pronunciarla más de una vez a lo largo de mi vida. Como si me importase la verdad, ya sabéis que estoy enganchado al habla como cabeza de color a un alfiler.

Después de varios meses en territorio escocés he de decir que si algo tengo claro es que volveré algún día a Escocia. A Glasgow, sobre todo. Mi erasmus ha sido un severo correctivo para aquellos que decíais que esta ciudad era fea y que lo que merecía la pena era Edimburgo. Y una polla (como una olla). El ambiente cosmopolita, urbanita y para nada sibarita me ha encantado. Quizás le sobraba un poco de frío, pero tampoco soy yo un exquisito de la vida en cuestiones meteorológicas, que sé de sobra de donde vengo.

No sé si alguien dijo alguna vez que los mejores recuerdos son los que no salen en las fotografías sino los que uno guarda en su memoria. Me parece un razonamiento lógico así que, si nunca nadie lo ha dicho, seguro que lo ha pensado. La vida es así, un día estás desesperado porque no tienes piso en el sitio al que al día siguiente cogerás un avión y poco después descubres un lugar y una gente que se quedarán contigo el resto de tu vida. Y yo me quedo con eso. Cuando el invierno sea frío, o cuando me sienta solo, o las ganas de fiesta emanen por mi costado, o cuando dialogue, o duerma, o coma, o respire un resquicio de esta tierra glaswegiana me acompañará. Y, morriña aparte, de pocos sentimientos estaré yo más orgulloso que de sentirme, en el fondo, un poquito escocés.

Vista de Crosbie Street, mi hogar estos últimos meses

Vista de Crosbie Street, mi hogar estos últimos meses

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