Una mudanza y la codicia de la banca


Recomendaciones-para-mudanzas-exitosasSaludos, terrícolas. Lamentad mis disculpas pero no he estado muy fino ultimamente decidiéndome a escribir algo de interés. Interés, ese subjetivo concepto. En fin que hoy es el pequeño gran día. ‘Gran’ día porque hoy nos mudamos a nuestra casa en Marihill –zona noroeste de Glasgow– a la que estáis invitados con tal de que aviséis con dos horas de antelación si vuestra residencia habitual está en el extranjero. Y ‘pequeño’ porque aunque tendremos piso no podremos contar con conexión a Internet dado que los amables operarios de Sky se encuentran muy ocupados y nos han dicho que hasta el día 10 no nos vendrán a hacer una visitilla. Esos son los típicos avisos que espero de vosotros, fieles turistas visitantes. Por el tiempo de espera no os preocupéis, estos días he copado el ancho de banda de la recepción del hostal descargando series y películas, que se sumarán a unos libros que me he traído. Todo sea por el bien mental de uno mismo.

En fin, que hoy tenemos choza y para ello habrá que abonarle a la casera el importe del primer mes además de uno como depósito. ¿Qué implica eso? Pues que tendré que retirar el dinero de un cajero ajeno y exponerme a una limpieza intestinal a modo de comisión. Jugando con la práctica poco habitual del ser humano del noroeste peninsular, cualquiera en mi situación hubiese preferido que la comisión fuese de fiestas y se presentase en la puerta de casa con una sonrisa. Ahí se consideraría donativo, pero en mi caso no será más que un atraco empleando cordiales palabras, para que duela menos.

Y diréis: ¿por qué no te haces una cuenta en el Reino Unido –ahora más unido que nunca–? Pues porque he ido ya a dos entidades bancarias esta mañana y me han dicho que el mínimo tiempo que se puede abrir una cuenta son seis meses y que yo voy a estar cuatro nada más. Obviamente, he probado con el ‘es igual, apunta 6 que yo luego me las apaño’, pero para realizar este tipo de gestiones hace falta una carta de la universidad que certifique que voy a estudiar el año entero. Y eso no puede ser posible porque no va a ser así.

Emilio-BotínTotal que he ido a la sucursal de la familia Botín y he preguntado si podían acogerme en su regazo y apadrinar a un exiliado hispano deseoso de ingresar dinero en sus sedientas fauces financieras. Me han dicho que sí, pero que este tipo de cuentas solo se pueden abrir por teléfono. El número, por el momento, es gratuito. Ojalá me deslocalicen la llamada hacia el otro lado del océano y, por lo menos, si me van a robar, que me lo digan y yo lo pueda entender. Aunque, como en todo asunto de dinero en esta vida, siempre gana la banca.

En otro orden de cosas, este año he visto la Ryder Cup más que en toda mi vida. Los bares aquí deciden la programación de manera más rígida que en la tierra de la que yo vengo. Por tanto, estos días toca ver ese no-apto-para-todos-los-bolsillos deporte y contemplar si es Europa o EEUU –ellos, como siempre, en plan continente– la que se lleva el gato al agua. Lo de animar lo veo más difícil, que luego no me quedan fuerzas para levantar las maletas esta tarde…

 

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