Deporte de bar, exceso en la máquina


Pegatinas del Celtic de Glasgow y del Glasgow Rangers, conviviendo en la vía pública

Pegatinas del Celtic de Glasgow y del Glasgow Rangers, conviviendo en la vía pública

Escocia tiene una tradición deportiva muy consolidada. Además del fútbol, el rugby o el golf están muy presentes entre los escoceses. De hecho, en tres días dará comienzo la Ryder Cup en este país, siendo el club de golf de Glasgow una de las sedes. Este torneo, enfrentará a los equipos de Europa y Estados Unidos, y por eso llevo varios días viendo documentales de golf en los televisores del Walkabout, el bar en el que me sumerjo para terminar de entrar en contacto con el deporte. Incluso varias entrevistas de Severiano Ballesteros.

El Walkabout es el bar oficial de la Asociación de Estudiantes de la Glasgow Caledonian University, aunque también acoge a estudiantes de la ciudad y del país. Acoge, me refiero, porque ofrece ofertas bastante suculentas a quienes enseñen su carné de estudiante. Por ejemplo, un menú con bebida que podría salir por unas 12 libras, acaba costando 5 en total. Un choyo, porque además vuelves a casa con la recientemente adquirida habilidad de desplazarte por la calle, ‘como a roda do muíño’ (como la rueda del molino), que decimos en Galicia.

Un desafiante Sergio Ramos, retando a digerir una bebida con cafeína.

Un desafiante Sergio Ramos, retando a digerir una bebida con cafeína.

Bar deportivo en el que, como ocurría con el Alfredo’s, el fútbol acapara la mayor cuota de pantalla. Premier League y Liga BBVA son las competiciones más vistas. El otro día estuve viendo el Real Madrid y el Celta, pero también vi el Everton y el Manchester City, entre otros. Y mañana, como la ocasión lo merecerá, veré ‘O noso derbi’. Así que yo recibiré la señal desde Balaídos en Glasgow, y Balaídos recibirá una nostálgica –o morriñenta– señal desde el corazón del Walkabout.

Y no estaré solo, porque no cabe duda de que aquí el fútbol triunfa. La liga española es muy vista e incluso se pueden ver trazos de su importancia en productos como las botellas de las bebidas aromatizadas con sabor a cola. No la roja, sino la competencia: Pepsi de toda la vida. No estoy seguro de si el champú también vendrá firmado por Íker Casillas o si aquí también anunciarán seguros o yogures para hacer de vientre. Seguiré buscando para salir de dudas. Lo que sí que tengo claro es que el lugareño que se siente a mi lado terminará por decantarse por uno u otro equipo –bien por simpatía o por aversión hacia mí–.

Si Costa marca, te devuelven el dinero. Y Costa no marcó.

Si Costa marca, te devuelven el dinero. Y Costa no marcó.

Por último, y también más preocupante, aquí se le da mucho a la máquina. No a la tragaperras, sino a los ordenadores de las casas de apuestas. Si en Barcelona es común encontrarse un ‘Paqui’ en cada esquina, los establecimientos que más proliferan en Glasgow están dedicados a las apuestas deportivas. Llenos de colores, cada uno tiene el suyo como si de sucursales bancarias o restaurantes de comida rápida se tratasen, lucen llamativos carteles en sus escaparates alentando a entrar  apostar.

Además, se esfuerzan en resaltar las palabras adecuadas para intentar convencer de que apostar no atenta contra la ética y no tiene por qué hacerlo, ya que cada uno sabe medir hasta dónde puede llegar. Hagan juego, damas y caballeros. Porque ganar dinero apostando, como la lógica bien afirma, es lo más fácil del mundo.

 

 

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