Escocia huele a Referéndum


Estatua de Donald Dewar, primer ministro principal de Escocia, presidiendo Buchanan Street.

Estatua de Donald Dewar, primer ministro principal de Escocia, presidiendo Buchanan Street.

O más bien debería decir Glasgow. Al fin y al cabo es lo poco que me ha dado tiempo a conocer (en una medida más bien baja). No he salido del centro porque ningún propietario de ningún piso se ha dignado a rebotarme un mail de ‘Estudiante desesperado busca más desesperadamente aun una habitación para vivir y cosas relacionadas”. Por ello me mantengo en mi hostal viéndolos pasar. A los anuncios de pisos, me refiero, después de enviarles unos pequeños trazos de lo tremendamente simpático y buen compañero de piso que puedo llegar a ser. Por el momento, me siento como un azucarillo en la zima del Everest. Este mediodía he salido a tomar el aire escocés (no confuncir con el líquido escocés, que tiene una gradación mayor) y me he dado cuenta -iluso de mí- de que quizás las personas que han recibido mis mensajes no me han contestado porque el día de hoy para gran parte de la ciudad ha sido muy ajetreado. Hoy era uno de esos típicos días en los que la gente sale a la calle con banderas, chapas y pegatinas tratando de estrechar el mayor número de manos pidiendo el ‘Yes’ o el ‘No thanks’ para el Referéndum de la semana que viene. Y escribo Referéndum con ‘r’ mayúscula porque lo afronto con especial expectación ya que será el primero que viva en toda mi vida, para que luego digan que estamos en democracia. En fin, los que más ruido hacen y menos reparo tienen en reclutar simpatizantes son los favorables a la secesión. A lo largo de las calles se pueden escuchar y leer motivos. Que si unos 64 billones fueron para el Reino Unido cuando deberían de haberse quedado; que si la OTAN tiene mil millones de armas nucleares alrededor del mundo; que si Reino Unido está educando a golpe de fusil por medio mundo subdesarrollado… En fin, todos ellos argumentos legítimos para el espectador que mira con asombro pero sin dejarse embaucar. Está claro que no seré yo quien ponga las causas de unos o de otros encima de la mesa con más fuerza. Eso solo lo pueden hacer los escoceses y la resolución final del pueblo escocés se conocerá en menos de una semana.

Una pancarta sobre sale en medio de una concentración a favor del 'Yes' bajo el lema 'Exit'.

Una pancarta sobre sale en medio de una concentración a favor del ‘Yes’ bajo el lema ‘Exit’.

Hoy estaba comiendo mi bocadillo en Buchanan Street cuando un peatón se ha subido a un pivote y ha empezado a llamar a la abstención en nombre de Dios. Los simpatizantes del ‘Yes’ se han ido acercando a él y han intentado dialogar con los pies en la tierra acerca de si a Dios le importaba o no lo que terminase por salir. En ningún momento se ha notado presión en el ambiente. Además, a escasos metros dirección Norte una muchacha entonaba con voz que invitaba a dormitar una canción en la lengua del gran William (Hill, el de las casas de apuestas) que dejaría a todos rendidos en el suelo si hiciesen silencio. Unos metros más abajo del orador, un hombre sostenía una pancarta invitando a visitar una tienda que arreglaba relojes. Yo sigo buscando piso y de momento tengo cuerda para rato. Si algún día me hace falta una poca, entre las palabras que me dirigen algunos a pesar de los kilómetros y esta tienda que parece realizar bien su labor, acabaré poniéndome en hora.

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