“Pero estos catalanes… ¿se quieren independizar?”


Muchos de los extranjeros que vienen a Cataluña se encuentran con una realidad que, por lo general, desconocen y que termina por sorprenderlos. Pero, ¿cómo reaccionan ante el soberanismo incipiente que se vive en Cataluña en la actualidad?

(foto: Ramón Bonet)

(foto: Ramón Bonet)

Un proceso de independencia siempre desata controversias y el principal motivo para ello es que para que este se insinúe hace falta una amplia mayoría social que lo secunde. Y, como todo tiene su polo opuesto, también habrá quien se posicione en contra, generando un revuelo con mayor o menor presencia en la agenda internacional. Pero hablar de la posible independencia para Cataluña es hacerlo básicamente intramuros. Porque, ¿cómo se ve el procés desde los ojos de un extranjero? Y, lo más importante, ¿cómo reacciona este ante él?

“Antes de aterrizar en Barcelona no tenía ni idea de lo que pasaba en Cataluña ni me sonaba el asunto cuando me lo explicaron al llegar”. Estas son las palabras que la inmensa mayoría de extranjeros piensa hoy en día al pisar suelo catalán por primera vez. El autor de esta frase es Lance Daniels, economista estadounidense que aterrizó en Barcelona allá por 2009 y que actualmente trabaja en la ciudad. “Cuando me di cuenta de lo que estaba sucediendo, me interesé por el tema.”, recuerda. “Yo pensaba: pero estos catalanes… ¿se quieren independizar?; yo quería saber el por qué”, comenta este americano al que inicialmente las senyeras y esteladas no le parecieron una particularidad, ya que en su país las banderas son elementos ornamentales habituales. “Cuando empecé a viajar por España descubrí que, como mucho, me encontraba alguna bandera española; pero rara vez. Entonces me di cuenta de que el tema era serio”, comenta.

El caso de Cataluña es conocido en Cataluña y suena a tema asimilado cada vez más en España. Unas reivindicaciones históricas que remontan la existencia de una nación catalana a la Edad Media y que recuerdan el carácter emprendedor e innovador que su corona –la de Aragón– imprimió a una rural y atrasada Castilla en un binomio que ya se conocía como España allá por 1714, fecha clave para el independentismo catalán.

Por aquel entonces, Cataluña se opuso al reinado Borbón durante la Guerra de Sucesión y se inclinó por la dinastía de los Austrias, que reclamó sin éxito el trono del otrora imperio en dónde Felipe II dijo que no se ponía el sol. Cataluña, que había aguantado durante el conflicto como un principado independiente, vio cómo España la reintegraba en su conjunto a través del plomo y el fuego. Esa condición de independencia y esa venganza sanguinaria por parte de la corona es lo que se recuerda hoy en día desde el independentismo.

“Lo único que yo decía al principio sobre esa guerra era que todos los países han sido conquistados alguna vez y no podía creer que los catalanes sufriesen tanto por algo que ocurrió hace 300 años, ese fue mi primer pensamiento”, señala Inka Inz, estudiante alemana de Erasmus en Barcelona. Pero cuando descubrió que al desastre de 1714 había que sumar la represión franquista contra Cataluña y la posterior sentencia sobre el Estatut de Autonomía de 2010 –por la que se eliminaban los aspectos de carácter más identitario– “entonces  ya empecé a entender el por qué de ese anhelo”, reconoce Inka.

Otras palabras que conectan la realidad de 1714 con la actualidad las pronuncia el secretario de CDC Josep Rull, cuando explica el desencadenamiento en el procés motivado porque “el Estado Español no quiere ser transformado; había una convicción de que si Cataluña transformaba España esta reconocería la realidad catalana, pero eso no ha sucedido”.También el papel tradicional de Cataluña como motor de movimientos sociales juega  un claro rol en el asunto según el diputado de la CUP Quim Arrufat, que recuerda cómo “Barcelona fue la rosa de foc del anarquismo mundial en los años 30”. De acuerdo con Arrufat, ese espíritu reivindicativo se ha mantenido a lo largo del tiempo.

La vía Catalana de 2013 a su paso por Avinyonet del Penedès (foto: Jo@net)

La vía Catalana de 2013 a su paso por Avinyonet del Penedès (foto: Jo@net)

Sin embargo, no fue ninguna de esas causas la que detonó la efervescencia del independentismo actual. “Hay un independentismo sentimental de un 25% que, con la crisis, se ha visto disparado por razones económicas hasta alcanzar cerca de un 50%”, remarca el diputado del PPC Joan Milián. La crisis económica ha avivado la desafección catalana hacia el gobierno estatal y ha reabierto las heridas del pasado.

Recapitulando, dentro del Estado Español se conoce, al menos, que en Cataluña se ha puesto en marcha un proceso a favor del derecho a decidir. Sin embargo, como ejemplificaban Lance Daniels o Inka Inz, esto no traspasa las fronteras salvo mediante visitas de miembros del Govern al extranjero y del Diplocat, un organismo público que informa a quien visite Cataluña sobre lo que está sucediendo. “Las opiniones públicas de otros países conocen el caso de Cataluña tanto como la opinión pública catalana debe de conocer el caso de Groenlandia. Y, por lo que hace al resto de los estados, hoy en día somos un problema doméstico de España”, resume el profesor e investigador de teoría política Lluís Pérez Lozano.

Pese a ello, acontecimientos como la Via per la Independència o la manifestación del 11 de septiembre de 2012 han trascendido a los grandes medios por la respuesta popular. A la magnitud de esos eventos, hay que sumar el que ciertas caras conocidas han apoyado abiertamente el procés. “Entre el independentismo catalán hay nombres que, por diversas razones, tienen acceso a influentes fórums internacionales. Pienso en nombres como Carles Boix, de Princeton, Xavier Sala i Martín, de Columbia o Pep Guardiola”, remarca el Pérez Lozano.

Pero empezar a oír hablar de independentismo genera ciertas reacciones entre aquellos que acaban de llegar a Cataluña o se plantean hacerlo. Las primeras suelen ir guiadas al desconocimiento, por lo que están protagonizadas por el miedo. Así se genera la idea de que en Cataluña hay un “odio” hacia lo español, alimentada por los sectores contrarios a la consulta. El idioma no deja de ser una herramienta de cohesión nacional, vista por los mismos detractores como una amenaza. Pero, ¿ocurre eso en realidad?

“La mayoría de mis compañeros de la universidad no se atreven hacer su Erasmus en Barcelona porque quieren mejorar su español y temen las dificultades en la vida cotidiana con el catalán”, señala Inka Inz. A menudo escucha que Cataluña contribuye más de lo que recibe, que “España nos roba”, pero no termina de entender por qué. Tal vez por no consultar fuentes oficiales, tal vez por argumentos aparentemente demasiado febles y que terminan basándose en un odio que ellos, visitantes a la par que observadores, dicen parece existir desde Cataluña hacia España. Pero, ¿es cierto esto?

“Yo creo que el ‘España nos roba’ solo lo siente una parte de Cataluña. Tengo la impresión que otra buena parte respeta y quiere a España –por lazos familiares, por ejemplo–, pero cree de una manera muy general que el trato económico es injusto y a la vez irracional y por eso ven en la independencia la solución. También hay otros temas, como el ser incomprendidos por parte del estado en temas como el lingüístico”, explica el politólogo Lluís Pérez Lozano.

La Senyera ondeando en Montjuic

La Senyera ondeando en Montjuic

Llegados a este punto, la única solución viable para CiU, ERC, ICV y la CUP fue convocar una consulta para el próximo 9 de noviembre –pese a que la Generalitat no está autorizada constitucionalmente a ello– para que los catalanes puedan decidir qué quieren que sea Cataluña.

Mientras que los citados están a favor de que se produzca, el resto de partidos son contrarios a la celebración del referéndum. “El 9 de noviembre no habrá ninguna consulta”, afirma el popular Joan Milián, mientras que Miquel Iceta, del PSC, apunta a que “hasta que no haya elecciones generales no hay ninguna posibilidad de cambio”. En la misma línea apunta el líder de ICV, Joan Herrera. “La fecha clave será con las municipales de 2015, las plebiscitarias no son más que una estrategia para dar largas”, advierte.

Por el momento de lo que no se habla es de detener el procés. Como dice Quim Arrufat, “para hacer una tortilla hay que romper los huevos” y, respetando la metáfora, a Cataluña le sobran. ¿Su aval? Trescientos años de concienciación nacional y un 80% de la ciudadanía que pide ejercer su derecho a decidir. Seguirán adelante, a pesar de que el Estado no quiera permitirlo y la sociedad internacional continúe enterándose con timidez. Porque si algo tienen claro en Cataluña es que no importa lo alto que grites, sino lo coherente que seas en tus argumentos. Por eso más del 80% de sus ciudadanos quiere votar y, con una mayoría parlamentaria favorable, esa mayoría social está tranquila porque sabe que acabará sucediendo.

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