“La realidad ofrece imágenes que en la ficción no te creerías”


1454519_10153587327480314_1294205506_n

Carles Bosch Arisó (Barcelona, 1952), periodista y cineasta, desarrolló su trayectoria profesional como reportero de guerra a partir de la realización de reportajes para el programa 30 Minuts de TV3. Estudió derecho en la Universidad de Barcelona y se graduó en la Escuela de Periodistas de Barcelona el 1975. Un año más tarde se inició en la profesión como reportero para la revista Interviú. Pero fue a partir del 1984, al incorporarse al equipo de la televisión catalana, cuando su carrera despegó.

Ha cubierto varios conflictos internacionales, a destacar la Primera Guerra del Golfo, las guerras de Bosnia y Kosovo, así como la revolución Zapatista. Fue galardonado con un Premio Ondas Internacional (1990) por el documental Checoslovaquia: el corazón de la revuelta.
Su faceta de cineasta la empezó en el 2002 dando el salto a la gran pantalla con la película documental Balseros, nominada al Oscar (2003). Le siguen trabajos como Septiembres (2006) y Bicicleta, cuchara, manzana (2010), filme sobre Pasqual Maragall y su lucha contra el Alzheimer.

 

Neus Margarit
Jaume Monfort
Fabián Pérez

Un cambio llegó a la Europa de los años sesenta. Un fuerte movimiento estudiantil empezó a alzar su voz. En aquel entonces, Carles Bosch era un muchacho de 16 años que presenció la primera vez en que los jóvenes creyeron en sí mismos. “Su música, su arte y su forma de pensar como colectivo alcanzó tal magnitud y seguridad, que me permitió despertar”, así lo explica el periodista y cineasta catalán que dedicó gran parte de su vida a pisar aquellos territorios en los que las revoluciones marcaban las agendas de las élites internacionales.

Carles Bosch se dejó llevar por el romanticismo de aquellas revueltas y se enamoró de la profesión de reportero de guerra. “Es muy atractivo pensar que una revolución que triunfa es un pueblo que triunfa”, afirma Bosch. La vida lo ha llevado a cubrir numerosos acontecimientos internacionales y, según explica el periodista, le ha dado la oportunidad de “ir oliendo un mundo externo”.

Conflictos generados por cuestiones políticas, de religión o de raza han alimentado sus trabajos. Fue en uno de esos lugares “calientes”, como lo califica el reportero, donde se juntaron los tres factores dando lugar a la Guerra de Bosnia (1992-1995): un conflicto internacional que se llevó a cabo en lo que ahora es Bosnia y Herzegovina.

La antigua Yugoslavia era un claro ejemplo de federación multicultural en la que vivían bosnios, musulmanes; serbios, cristianos ortodoxos; y croatas, católicos. Tras la independencia de las Repúblicas Socialistas de Croacia y Eslovenia (1991), el estado yugoslavo desapareció desencadenando el conflicto entre bosnios y serbios. Fue a partir de 1992, con el líder nacionalista serbio Slobodan Miloševic, cuando se produjo uno de los capítulos más dramáticos de la historia de los Balcanes. Con el fin de crear una gran Serbia y controlar la mayor parte del territorio, perdiéndose así la multietnicidad, se llevaron a cabo episodios calificados de crímenes contra la humanidad, de genocidio y de limpieza étnica contra los habitantes de Bosnia.

Si es que existe una guerra segura para los periodistas, esta no fue la de Bosnia.Lo primero que hicieron los equipos de reporteros fue quitar los distintivos de la televisión que llevaban en sus coches. Esa identificación les perjudicaba porque, en el territorio bosnio, los periodistas también fueron objetivos señalados por el punto de mira de las armas.

1481794_10153587327220314_1797660903_n

Carles Bosch confiesa que uno de los aspectos que hizo más dura su labor como reportero de guerra fue la actitud que adoptaban los bosnios hacia los periodistas. “Es difícil llegar a un campo de refugiados cuando ha pasado el tiempo, cuando la gente no tiene la esperanza y ya no cree que explicar lo sucedido sirva para que el mundo se oponga a la injusticia”, reflexiona Bosch. El periodista cita una conversación que mantuvo con su traductora durante el tiempo que estuvo en el territorio del conflicto. Bajo el desánimo de diversos años en guerra, la intérprete le confesó en una ocasión que cuando llegó el primer periodista a Bosnia pensó que lo que les estaba sucediendo acabaría porque el mundo lo sabría. Pero al tercer año de guerra, se dio cuenta de que el día en que el último periodista se marchase todo terminaría porque ya no quedaría esperanza.

Drama

Las guerras suelen mostrar ciertas imágenes típicas que reflejan los daños colaterales de la batalla. Una de esas imágenes que se repiten en cada conflicto armado es la de los refugiados, esas personas que se ven obligadas a buscar asilo fuera de su hogar. Bosch muestra mucho esmero y cuidado a la hora de hablar de esas víctimas. “No hay nada más similar a un refugiado que otro refugiado”, asegura el periodista. Además, añade que un corresponsal en un campo de refugiados tiene la sensación de que esa gente ha estado toda su vida exiliada, pese a que cinco días antes tal vez no había estallado la guerra. Hay una estética, una tristeza característica. Las cámaras y los reporteros llegan al territorio en conflicto cuando los hechos han empezado a transcurrir. En este sentido, Bosch considera fundamental transmitir a la audiencia que los refugiados no han nacido para serlo. “Ser refugiado implica la pérdida total de lo que esa persona era y de la lógica de hacia dónde iba. Son gente anulada. Uno es idéntico al otro”, afirma con vehemencia el corresponsal catalán.

1474728_10153587327460314_748292776_n

“Ser refugiado implica la pérdida total de lo que esa persona era”

Las escenas dramáticas de una guerra se incrustan en las retinas de los periodistas, cuyo objetivo es reflejar, entre otros aspectos, el dolor de las víctimas. Una imagen clásica de ese sufrimiento es la del lamento por la pérdida de seres queridos. Durante el conflicto en Bosnia, TV3 emitió un reportaje en el cual aparecían las fosas comunes donde había depositados los cuerpos sin vida de muchos varones bosnios. Las imágenes fueron grabadas con auténtico asombro ya que, desde la Segunda Guerra Mundial, no se descubrían fosas comunes en Europa. El autor de ese reportaje fue Carles Bosch, quien afirma que “la realidad ofrece imágenes que en la ficción no te las creerías”. El periodista describe los cadáveres de los cuales solo se distinguían los pantalones tejanos y las llaves, que servían para identificarlos. Nunca se le borrará de la mente una madre abrazando el ataúd de su hijo y hablándole como si estuviera dormido.

Intensidad

Carles Bosch reflexiona sobre su profesión y señala que la mayor sensación que produce la tarea del reportero de guerra es la de una intensidad permanente. En el caso concreto de Bosnia, no era únicamente producido por la adrenalina de la guerra, sino también por el hecho de alojarse en el único hotel que se mantenía en funcionamiento en la ciudad de Sarajevo, el Holiday Inn. Hotel que conservaba intacto solo uno de sus laterales, al encontrarse el resto expuestos a los bombardeos. Cuenta el reportero catalán que cada noche se bebía un vaso de rackia con sus colegas después de sortear peligros por las calles de Sarajevo durante el día. “La guerra conlleva una intensidad a la cual te acostumbras. Hoy en día me aburro mucho más con la vida cotidiana, no puedo encontrar esa sensación”, reflexiona Bosch.

“Bosnia me atrapa”, confiesa el periodista, que al mismo tiempo reconoce que los días previos a viajar a la zona de conflicto estaba muy nervioso y le escondía a su familia a dónde iba destinado. Además, asegura que no es un hombre valiente pese al riesgo que conlleva su profesión. “Yo no me lanzo de un trampolín alto ni tampoco en paracaídas. Los corresponsales de guerra somos gente normal”.

Defender un país como Bosnia encarnado en una ciudad como Sarajevo significaba para los bosnios el máximo orgullo. “La única manera de vivir era someterse lo menos posible, aunque aquello incluyese el exponerse al francotirador”, señala Carles Bosch. Hubo quien, durante el asedio, intentó continuar con su vida con la máxima normalidad posible. Como cuenta el periodista, se organizaban actividades culturales en lugares subterráneos, alejados de los proyectiles, que ayudaban a los bosnios a mantener su dignidad.

Sin embargo, otros muchos se quedaron sumidos en el pánico. El corresponsal recuerda con especial nostalgia a una diseñadora de moda que, cinco años después del fin de la guerra, tuvo que ingresar en un psiquiátrico en Holanda por las secuelas. “No todo el mundo puede somatizar los traumas del mismo modo”, afirma. Además, se dieron muchos casos de que, quienes en un primer momento afrontaron la lucha con valentía, terminaron por sufrir daños psicológicos irreparables. Y al revés. De todos modos, a quien se quedó para defender Sarajevo le es profesado un gran respeto todavía en la actualidad.

1484967_10153587327530314_782464451_n

“La guerra conlleva una intensidad a la cual te acostumbras”

Cuando regresaba de Bosnia, el camino entre el Aeropuerto de El Prat y Barcelona, atestado de terrenos descuidados e inacabados, le recordaba el frente. Incluso en muchas ocasiones su sueño era interrumpido por el eco de los estruendos de las explosiones que el ejército yugoslavo producía noche tras noche en Sarajevo. Años más tarde, decidió irse de vacaciones al Caribe, haciendo escala en Caracas. Unos ruidos lo despertaron, pensó que se trataría de las obras del metro y continuó dormitando. Pero, poco después, más estruendos le hicieron encender el televisor. Recordando aquella frase que le dedicaban sus colegas sobre su suerte para estar en el momento exacto en el lugar de los hechos, comprobó cómo en la ciudad que lo acogía, se estaba produciendo el golpe de Estado de los chavistas. Era la primera vez que una ciudad de América Latina era bombardeada desde el aire. Inmediatamente, tuvo que anular sus vacaciones y retornar a Barcelona “para hacer de periodista”, admite.

Reflexiones

Después de media vida recorriendo el mundo en busca de revoluciones y conflictos armados sobre los que informar, Carles Bosch apunta que, una vez la violencia empieza, “llega un momento en que no es que todos tengan razón, sino que todos se cargan de razones”.

Entre los recuerdos y experiencias que estructuran su discurso, introduce algunos casos de civiles y militares que conoció a lo largo de su carrera y con quienes no compartía simpatía ni ideología pero que, por el contrario, sí que podía llegar a entender sus razones. “¿Qué les vas a decir?” pregunta, reflexivo, tras haber narrado cómo una persona había perdido a un ser querido a manos de su ahora enemigo.

De entre todas las batallas que ha presenciado, las ocasiones en las que ha burlado a la muerte y las veces en que se ha tenido que enfrentar a la violencia que recorre el mundo, Carles Bosch recuerda con especial apego una frase que alguien le dijo acabado el conflicto bosnio: “La guerra de Bosnia ha demostrado que el ser humano es capaz de hacer lo que el ser humano es capaz de hacer”. Cargado de razones o no, Carles Bosch también nos ha demostrado, a lo largo de sus 37 años de carrera, la información que es capaz de transmitir como corresponsal de guerra: la que no entiende de amenazas, agresiones u opresión, sino que busca denunciar los crímenes y las injusticias llevadas a cabo por el ser humano. La información, en resumidas cuentas, de la verdad.

Anuncios

Escribe tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s