Un pie con mucha clase


BeckhamSe va el rico, el pijo, Beckhy. Aquel que, enfundado en el 7 cuando servía al Manchester United, o en el 23 cuando defendía los intereses del Real Madrid, era capaz de cambiar de peinado varias veces por temporada. Dice adiós al fútbol el hombre de la cresta rubia, de la cabeza afeitada o de la coleta “a lo japonés”. Cuelga las botas el jugador que, a día de hoy, ingresaba más dinero por la vía publicitaria (36 millones de Euros), y que era capaz de dejarse filmar una siesta encerrado en una vitrina, ¿se acuerdan?

Lejos de sus enredos amorosos, de sus colas kilométricas de fans o de su más que acomodado modus vivendi, el británico David Beckham pasará a los anales del fútbol por ser el jugador que más clase podía concentrar en un solo empeine. Hacer una falta al borde del área a favor de un equipo en el que jugaba David era sinónimo de que hasta al portero le temblasen las piernas. Para los que valoramos el fútbol por encima de lo demás, y no caemos en la crítica fácil, será coser y cantar afirmar que este jugador estaba dotado de una gran clase.

Beckham 1El 16 de mayo de 2013, Beckham ha anunciado que, con 38 años y toda una vida dedicada al fútbol, su carrera como deportista debe terminar. “Soy un afortunado por haber recibido tantas oportunidades”, dice el hombre que ha hecho disfrutar a la Premier League, la Liga Española, la Serie A, la MLS o la Ligue 1. No considero correcto juzgar al Beckham que hoy en día se puede ver, al igual que no se podría hacer con ningún otro futbolista. Para saber, de verdad, quién era el futbolista David Beckham, cabe haber presenciado y vivido los momentos mágicos que ha brindado al fútbol mundial.

Soy un privilegiado por haber visto jugar a David Beckham, fundamentalmente en el Real Madrid de “Los Galácticos”. Pero es un jugador del que, una vez que te enamoras, has de continuar siguiendo su trayectoria, porque nunca sabes qué puede salir de su empeine diestro.

Como anécdotas, recuerdo la vez en que intentaron secuestrar a su mujer, Victoria Adams y a su hijo Brooklyn (los nombres de sus hijos, siempre originales); la lesión que le ocasionó la durísimaentrada de Aldo Duscher al fracturarle el segundo metatarsiano del pie izquierdo en cuartos de final de Champions League (10 de abril de 2002). La última anécdota que me gustaría recordar de David Beckham, pues la conservo en la memoria con especial cariño, tiene como protagonista también a mi madre.

Fue un 26 de noviembre de 2006, cuando el Real Madrid disputaba en la fase de grupos un partido en el mítico Vélodrome ante el Olympique de Marseille. En el minuto 35, Ronaldo es objeto de falta en el borde del área. Eso solo quería decir una cosa: Beckham. El británico colocó el balón y, con un golpe con la clase a la que tenía acostumbrada a la grada, engañó al meta Vedran Runje que, cuando se dio cuenta, nada pudo hacer por detener el disparo que se coló por “su lado”. Yo celebré el gol como solía hacer pero, justo antes de que pudiese poner el grito en el cielo, mi madre (persona aficionada a ver partidos de fútbol, pero que había caído en juzgar primero a Beckham por su protagonismo en los programas del corazón antes que por su papel en el campo) reconoció con esa voz con la que dicen la verdad las madres: “¡Qué bueno es este tío!” No se me olvidará en la vida.

See you soon, David.

Beckham 2

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