Soy gallego


Galicia

Aunque nunca está de más aprender algo nuevo, creo que no os sonará a chino el que os diga que soy gallego. En efecto: lo soy y es la pura verdad. Si, todavía, tengo la suerte de que me conozcáis un poco más profundamente, sabréis ante qué tipo de persona os halláis. Me gusta “hacerme notar”. Si esta expresión la ligamos al eje central de este texto, que no es ni más ni menos que que soy gallego, procedo a contaros una pequeña anécdota.

Ayer, paseando por el puerto de Barcelona junto a dos bien queridas amigas, un camarero que, desafortunadamente, estaba limpiando una terraza con una manguera, provocó que el chorro pasara justo por delante de nuestros pies, con la consecuente (leve) mojadura. En una décima de segundo, pude darme cuenta de que no nos había visto porque se disponía a lanzar otro manguerazo, este quizás con más tino, hacia nuestra posición. Instintivamente, le grité: “Oi, neno, cuidado”! El asalariado se disculpó inmediatamente. Fue una de esas frases que, si eres gallego, te salen de dentro porque es la reacción que el instinto te marca.

Dio la casualidad, sin embargo, de que este no fue el único (y, con seguridad, tampoco será el último) episodio en el que pude “hacer notar” a un desconocido mi condición de gallego. Con cinco años de edad y de visita con unos familiares al Santuario de Covadonga (Asturias), tuvo lugar un suceso posiblemente más divertido. Este que escribe, que con menos de dos mil días de vida ya era un terremoto, se comportaba como lo podría hacer una criatura de su edad. En un intento por subir las escaleras del santuario a toda prisa, me caí de rodillas contra uno de los escalones de piedra. En lugar de llorar, me levanté y exclamé: ¡Carallo!, que hizo que un sacerdote, que casualmente pasaba por allí, comentara en voz alta y con una sonrisa: “¡Este es gallego!”, para recuerdo imborrable de mis padres, mis tíos y mis primos.

Ser gallego para algunos será una obligación, pero estoy seguro que para muchos otros será un orgullo. Aunque lo más importante es y será siempre ser persona, sí que es verdad que a cualquiera le tiene que gustar que le recuerden por comportarse de esta o de aquella manera. Y los comportamientos, como este, que llevamos asimilados más adentro, son los que provienen de nuestra propia identidad. Así que sí, soy gallego y estoy muy orgulloso de ello.

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2 pensamientos en “Soy gallego

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