No es cuestión de edades


Anciano enseñando a leer a un niño | Antonio de Puga

El saber puede ser cuestión de edades. El querer saber, sin embargo, no. Nuestra vida está dividida entre lo que podemos hacer y lo que nos está vetado según la edad que tengamos, según ese par de dígitos de nuestro DNI. Con dos años, no tenemos por qué ir a la escuela. Con doce, debemos recibir una educación. Con veintidós, podemos continuar nuestro proceso de estudio (que podemos alargar, de manera oficial, toda la vida), o podemos trabajar. Y así, hasta llegar a los setenta y dos (por seguir tirando de “doses” en las unidades), con los que ya podemos descansar de una vida de emociones fuertes y vivir, cada uno, nuestro particular retiro espiritual.

Si “quince años” tiene su amor, y a ella (o él) la trata de “vos”, sepa usted que en Argentina, desde hace menos de una semana, solo le faltarán doce meses para entrar a formar parte del club del sufragio activo. Esto es: podrá ejercer su derecho al voto. Lo que para unos quizás sea precocidad, para otros sea un impulso hacia la juventud para que se conciencie sobre su papel en la sociedad: para que quiera saber. En Argentina, está visto, la democracia ha pensado de esta segunda manera. Como también lo pensaron los responsables de la fiesta de Halloween del Madrid Arena. Y es que “quince años” podría tener alguno de los allí presentes, (pequeños) ciudadanos que, al mando de una macro-negligencia del sector privado y público, se vieron introducidos en un rincón sin salida. Con el previo respeto a las familias afectadas, no tocaré más este tema, puesto que los telediarios de este país ya se encargan de meter el dedo en la llaga bastante. Yo, sinceramente, creo que hay temas mucho más importantes que muchos medios se encargan de tapar.

Titulo arriba con un “no es cuestión de edades”, y me refiero a que el querer saber para llevar a uno mismo y a los demás hacia mejores derroteros ha de ser universal. Está claro que a unos nos interesarán más unas cosas y a otros otras. Es normal. Sin embargo, hay que esforzarse por intentar conocer aquello que nos rodea. Solo así podremos juzgar lo que percibimos a través de nuestros sentidos: desde las labores domésticas, hasta las políticas. Estas últimas, últimamente, poco pobladas de personajes con ganas de querer saber sobre muchas cosas. La negación de este axioma es una condena paulatina hacia los pozos más oscuros de la ignorancia. Por eso, considero que no hay nada mejor que desear al prójimo que se anime a querer saber. Sea cual sea su edad. Pues la mente, como las ciudades espartanas, que nunca construían murallas, está siempre abierta.

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