Con Khedira, por favor


Khedira celebra su gol de la pasada temporada ante el Barcelona

La lesión de Khedira el pasado miércoles en el Signal Iduna Park no pasó, para la gran mayoría de aquellos que sentimos aprecio por el fútbol, para nada desapercibida. Si bien este jugador alemán, de raíces tunecinas, pasa fácilmente desapercibido no habiendo un balón de por medio (cuando se pone una gorra y unas gafas para pasear por Madrid, asegura que no lo reconoce nadie), dentro del campo, su presencia es notoria. Puede parecer que no está, que no quiere el balón, ni tampoco protagonismo. A veces, incluso, puede parecer que no tiene asumido un rol determinado. Pero nada más lejos de la realidad.

“Sami” es un mediocentro que puede actuar realizando tanto labores defensivas como ofensivas. En el Real Madrid, se le conoce más por su primera faceta. En la selección germana, goza de una mayor libertad que le hace entrar más en juego durante las maniobras ofensivas del equipo. Volviendo al club blanco, allí Khedira actúa como una pieza base. Tal vez diminuta, tal vez no un mega crack, pero su función de soporte sumado a su gran entrega lo convierten en un elemento clave del conjunto blanco. Asumiendo que la técnica no es su estilo, el alemán lo da todo por sus compañeros, justo lo que se espera por un jugador de fútbol. Si tiene que caer a la banda, cae; si tiene que dar un pase de gol, lo da y, si por algún casual, tiene que ser él quien empuje la pelota para dentro de la portería, pues lo intenta.

Pero si hay un aspecto en lo que el papel de Khedira se hace mayúsculo ese es en su labor por “destrozar” el juego del rival. Va fenomenal al cruce, corta balones a destajo, presiona a los mediocentros rivales sin dejarles respirar, haciéndoles sentir su aliento en sus fauces, y realiza una estupenda labor de marcaje. Sin embargo, este tipo de jugadores son los que, cuando están sobre el campo, reciben más críticas que halagos pero que, cuando faltan, son muy extrañados. Khedira me recuerda a esa verdad absoluta de la sabiduría popular, la más sabia de todas, que dice que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Con “Sami” (o más bien, sin él), el Real Madrid ya ha experimentado esa sensación varias ocasiones. Y es que la manera en que el centro del campo blanco queda apuntalado por Xabi Alonso y Sami Khedira, no se consigue tan fácilmente como parece.

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