Nuestro auténtico yo


La coproducción sueco-israelí, Caminando sobre las aguas, describe la realidad del país hebreo a la par que ensalza el factor humano por encima de todo

Hablar del Mosad en Israel es hablar del servicio secreto, de una agencia de inteligencia encargada, a través de sus miles de efectivos, de velar por la seguridad israelí. No vendrá a nuestra mente el hablar del Mosad como una organización formada por personas, sino que caeremos en el error de imaginarnos un conjunto de máquinas de matar que vela por la seguridad del país asentado en la Tierra Prometida.

Sin embargo, los tópicos como este están para romperlos. Caminando sobre las aguas es una mezcla entre thriller y drama (más de lo primero que de lo segundo) que podría deshacer esta “pseudoverdad” universal en añicos. La película, del director israelí Eytan Fox, relata la búsqueda del Mosad de un antiguo oficial nazi a través de un agente infiltrado como guía turístico. Lior Ashkenazi, en el papel de Eyal, tiene como misión acercarse a dos hermanos alemanes y averiguar el paradero de su abuelo, un antiguo hombre importante del III Reich. El objetivo: “adelantarse a los planes de Dios”.

Paulatinamente, nuestro protagonista se irá dando cuenta de que el mundo ha cambiado, y de que los alemanes de hoy en día no merecen ser comparados con sus beligerantes antepasados. Tal será el ejercicio de descubrimiento de la verdadera realidad, que Eyal comenzará a sentir que su faceta personal se interpone a la profesional. Tras haber terminado, en trágicas circunstancias, su anterior relación, este agente secreto empezará a congeniar de manera especial con Pia Himmelman, hermana de Axel y residente en un kibutz israelí. Como se ha dicho antes, esta pareja de hermanos teutones llegará, para quedarse, a la vida de nuestro hombre duro.

Para Eyal, esta experiencia, que no deja de formar parte de una misión, le condicionará el resto de su vida. Buena culpa de ello la tienen los viajes en coche, en los que transportará a Axel a diversos rincones del país. En estas travesías, el reproductor de cedés tendrá un papel fundamental. A través, tanto de la música popular hebrea, como de cantantes europeas y de las letras de “The Boss”, las circunstancias obligarán a Eyal a replantearse los principios que rigen su vida. En uno de estos viajes, suena Tunnel of love, canción que simboliza el florecimiento del lado tierno del protagonista.

Porque Eyal, pese a pasar por un tipo duro y responder a prejuicios como el odio a lo palestino o a lo alemán, termina siendo víctima de su propia misión. El contacto con los principios liberales exportados desde Europa, con lo árabe y con lo homosexual, comportará un cambio en este agente del Mosad. Estas experiencias, harán que Eyal termine por darse cuenta de que lo que hay detrás de cada caparazón humano, puede distar, y mucho, de lo que uno pretende aparentar.

Al igual que en este thriller, todos terminamos por sucumbir a los sentimientos, porque en el cómputo global de nuestra vida, el corazón le gana, con creces, la partida a la razón. Y es preciso que  nosotros, al igual que Eyal, dejemos volar nuestros sentimientos, en lugar de oprimirlos contra nuestra coraza para evitar que vean la luz. Así, tarde o temprano, terminaremos por encontrar a nuestro auténtico yo.

Anuncios

Escribe tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s