La ventana indiscreta


Un abanico de posibilidades se abre ante todo aquel que ose emplear la ventana indiscreta. Si Hitchcock estuviera aquí, comprendería el préstamo que un humilde servidor hace de esta magnífica obra del arte cinematográfico. Y suya. Ventana porque, al abrirla, descubrimos lo que hay a nuestro alrededor; por todos los rincones; con el simple gesto de dirigir la mirada. Indiscreta porque, por el hecho de mostrarnos la realidad tal cual es, puede hacernos llegar a sospechar las injusticias mundiales y que, inmediatamente, pongamos el grito en el cielo.

Dejando a un lado la carpintería, el otro elemento de este símil no puede ser otro que la Red. Y es que Internet es, a día de hoy, el altavoz más potente del que pueden echar mano las personas. Con un simple “click”, cualquiera puede dejar patente su opinión, esperando a que otro la lea. Cierto es que, a veces, nuestras palabras deben ser medidas puesto que, bajo un régimen no democrático, la censura podría resultar el más liviano de los castigos. Llegados a este punto, crucemos el Mediterráneo rumbo al Mundo Árabe.

Internet comenzó a aparecer en los países árabes en los años noventa del pasado siglo.. No fue hasta 2003 cuando esta enorme ventana adquirió el componente masivo que puede tener hoy en día. Un ejemplo claro se puede extraer del libro Guerreros del teclado, de la periodista Lali Sandiumenge. En concreto, del caso egipcio que desembocó en las concentraciones en la Plaza Tahrir, así como en el consecuente derrocamiento del dictador Hosni Mubarak.

Leyendo a Sandiumenge se extrae que, con la llegada en 2003 a Egipto de las plataformas sociales Twitter y Facebook, la capacidad de concentrar a grupos descontentos con el régimen aumentó considerablemente. Entonces, islamistas y laicos se unieron a través de las citadas redes sociales, así como de numerosos blogs, para dar lugar a la conocida concentración en la Plaza Tahrir. Los blogs, lógicamente, eran anónimos para garantizar la seguridad de sus autores.

Sin embargo, siempre puede haber (y, en este caso, hubo) represalias. Pero ello no significa que el papel del internauta que se expresa en un blog, o en una red social, no pueda ser importante. A veces, como ocurrió en la Primavera Árabe, los humanos podemos echarnos “un cable” y hacernos pasar, a salvo desde nuestras casas, por cualquier lugareño sometido a una injusticia. Esto nos proporcionará una “ventana” mucho más grande que, tal vez, pueda desembocar en un gran cambio.

Como se ha dicho antes, el hecho de contar con Internet fue y es un motor más que potente para que el pueblo descubra la verdadera realidad. Una vez mirado a través de esta ventana, hay que ser no solo indiscreto observando, sino, también, expresando la disconformidad en la medida en que las circunstancias así lo requieran.

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