El aire fresco de Hollande


El nuevo presidente francés, François Hollande | foto: EFE

La victoria, aunque esperada, del socialista, François Hollande, en la segunda vuelta de los comicios franceses, celebrados el pasado 6 de mayo, puso fin a la era Sarkozy. El triunfo de la socialdemocracia ante la ya no tan sólida UMP y el efervescente FN, partidos conservador y ultraconservador del país vecino, abren la puerta al cambio en Europa. Varios son los motivos por los que este suceso tiene notables tintes positivos.

Primeramente, Francia realizará el primer gran giro a la izquierda que, presumiblemente, será imitado por más países de la UE. Tras cinco años del gobierno conservador de Sarkozy, y catorce en total desde que el último presidente socialista habitó el Elíseo, la opinión pública francesa empieza a reubicarse ideológicamente.

A ello hay que añadirle la promesa económica, en consonancia con la coyuntura económica actual, que Hollande ha señalado tajantemente. Y es que para 2017, el 5,7% de déficit actual francés se vería reducido a cero. Con el cumplimiento de esta promesa, el nuevo presidente francés se aseguraría el retorno de Francia a la calificación de triple A, categoría de la cual el país vecino fue despojado en enero por las agencias de calificación.

Este aire fresco que Hollande crea en Francia y en Europa, también recalará en España. Con la entrada en recesión, a finales de abril, el comportamiento conservador  y de presión que la canciller alemana, Ángela Merkel, mantiene hacia nuestro país (y hacia los otros once que se hallan en situaciones similares) puede verse mitigado, a partir de ahora, por las decisiones del señor François Hollande.

Además, con los resultados de las elecciones en el lado Mediterráneo del eje Berlín-París, comienza una etapa en la que la izquierda europea abandonará, paulatinamente, el bando de la oposición para pasar, de nuevo, al liderazgo de las masas de Europa. Las elecciones del próximo año en Alemania fijarán, también, el punto hacia el que mira Europa.

El triunfo de la socialdemocracia francesa abre la vía al “contagio”, como ya sucedió años atrás, pero en este mismo siglo XXI, del resto de países de la Eurozona. Un giro a la izquierda que, de acuerdo con sus principios, no ve en recortar derechos a los más desfavorecidos la salida de la crisis.

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