Se “Irán” y no volverán


Captura de la película-documental de animación, Persépolis

FABIÁN PÉREZ. La necesidad es la patrona de los motivos por los que se puede decidir abandonar un país. Necesidad de vivir, de sobrevivir, de trabajar, de aprender. Esta última finalidad a menudo puede ser, valga la paradoja, innecesaria. No innecesaria desde el lado del migrante, puesto que si su idea es la de enriquecer el intelecto, con toda seguridad hará todo lo posible por lograrlo. Es inútil porque, quizás en sus países de origen, los recursos que ese migrante busca, existen. Pero también es triste, porque esos mismos recursos, con toda seguridad, no están a su disposición.

Me viene a la cabeza, al hablar de estas cosas, una película que refleja la salida de un país que obstruye la proliferación de la cultura, hacia uno avanzado culturalmente en el seno de Europa. Persépolis, que así se llama el film (de animación, por cierto), cuenta la historia de una niña real, Marjane, que vivía durante la revolución iraní en este país. Por motivos, tanto de seguridad, como de cultura, tuvo que emigrar a Austria para poder cursar estudios de calidad. La mano dura de los fundamentalistas, en este caso, no permitía el acceso a una educación y cultura libres, sino depuradas de todo contenido contrario a sus principios.

“La justicia es igual para todos”, dijo nuestro monarca, a quien, con la que tiene encima, no molestaremos hoy. Sin embargo, no hay justicia cuando alguien no puede acceder al conocimiento y, por ello, debe abandonar su país hacia otro donde sí podrá. Eso dice mucho (y mal) de Estados y gobernantes de los países de origen. Siguiendo con líderes, el difunto Kim Jong-il, podría explicarnos por qué envió a su hijo, el actual presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un a estudiar a Suiza; Aisha Gaddafi, hija del también fallecido líder Libio, Muamar el Gaddafi, también fue enviada por su padre a Francia a cursar la carrera de derecho; Bashar Al-Assad terminó sus estudios en Inglaterra, etc.

Los casos iraní, norcoreano y libio reflejan la realidad del mundo actual. Los países en vías de desarrollo sometidos a regímenes autoritarios se opondrán a la propagación de la cultura hacia sus súbditos. Por lo tanto, el Estado se aprovechará de la ignorancia de la ciudadanía para crear más ignorancia. Porque un cerebro que no piensa, es como una voz que está callada y, a menos detractores, mayor poder. Asimismo, todo aquel que huya de su país en busca de la adquisición de cultura, no osará volver a sus tierras, salvo por motivos de fuerza mayor. Y es que cuando alguien ha saboreado el jugo de la libertad, y ha aprendido en el intento, es difícil que quiera volver a estar sometido.

En la misma película, Marjane comenzaba a escuchar rock & roll y a conocer elementos de la cultura de la época. En su exilio intelectual, porque así podríamos denominarlo, podía acceder a todo tipo de elementos culturales, los mismos que tenía denegados en Irán. Marjane también aprendía en Austria a ritmo de Opus que la vida es vida (Life is life). Por eso y porque se había formado sin censuras, decidió que su sitio estaba lejos del país que la vio nacer. Marjane tomó, así, la firme decisión de desprenderse definitivamente del yugo que no le permitía ser libre. Porque la cultura, a diferencia del trabajo, como se decía en Auschwitz, es lo que nos hará libres. El que aprende esta lección, no vuelve.

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