“El futbolista pasa, pero tú sigues siendo persona”


Guillermo Amor, director de fútbol formativo del FC Barcelona, señala que, en un equipo, “el ambiente es clave para ganar y que funcionen las cosas”

GUILLERMO AMOR (Benidorm, 1967) ha sido una de las promesas de la cantera del FC Barcelona más destacadas hasta el final de su carrera, en 2003. Actualmente es el director de fútbol formativo del club. Él tiene la responsabilidad de seguir formando cracks para el mejor club del mundo. Desde que debutó con el primer equipo, Amor ha conseguido multitud de títulos a nivel colectivo con el mítico “Dream Team”, así como un gran reconocimiento a nivel personal, tanto en el FC Barcelona como en la Selección Española. Conocido por su trabajo para el equipo, Guillermo Amor no ha abandonado esta filosofía de vida. “La suerte te llega y siempre te tiene que pillar trabajando y, al que trabaja, en algún momento se le presenta. Esa suerte te la tienes que currar.” Así intenta, cada día, que los muchachos que se forman en Can Barça sepan valorar la oportunidad que tienen y se esfuercen por llegar algún día a la cumbre.

Futbolista desde pequeño y, una vez retirado, sigue ligado a este deporte. ¿Qué le debe al fútbol?

Prácticamente es toda una vida dedicada al fútbol. Siempre digo que es por lo que todo niño empieza: haces deporte, te gusta y disfrutas muchísimo; luego tienes la suerte de dedicarte en un futuro; las cosas van bien, vas jugando en los equipos de tu pueblo, surge la oportunidad de venir al Barça, pasas por las categorías inferiores y te presentas arriba del todo, consiguiendo una carrera profesional en condiciones. Y luego tienes que marcharte y jugar en otros equipos. Pero sí que es cierto que desde pequeñito he estado muy vinculado al mundo de fútbol. Pero, como mi caso, hay miles. Ahora mismo sigo vinculado al Barça desde el año pasado, llevando el tema del fútbol formativo, encantado y disfrutando cada día.

¡Nada como dedicarse a lo que a uno más le gusta!

Siempre digo que lo nuestro no se puede considerar, a veces, un trabajo. Dentro de que es un trabajo. Desde siempre, cuando eres pequeño y cuando eres profesional, disfrutas mucho porque te gusta. Aquí no te levantas y vas a trabajar por obligación: vas a divertirte. Para nosotros, aun hoy, lo que estamos haciendo es un disfrute; no tenemos ni peros ni nada en contra de nuestro trabajo.

Cuando era un alevín lo fichó el FC Barcelona. Lo habían visto jugar en un torneo ¡de infantiles!

Sí. Fue en un torneo de Semana Santa en el que participó el Barcelona y yo jugaba en el Benidorm con unos chicos más mayores. Desde aquí creo que me verían e hicieron un informe. Luego vine con dos compañeros más a pasar una semana y, a mitad de esa temporada, fue cuando me incorporé al Barça.

¿Fue duro cambiar de residencia con apenas 11 años?

Vine solo a La Masía y fue un cambio importante. Me pongo en el lugar de los padres, ahora que lo soy, y tener que dejar que un hijo se marche a otra ciudad, a 500 ó 600 kilómetros, es duro. Pues hace 30 años, pasar por esa situación fue, para mí y para mis padres, un momento duro, del que, con el tiempo, uno va madurando. Sobre todo el comienzo fue especialmente difícil. Aun hoy nos pasa: nos encontramos con que muchos chicos que fichamos, al dejar a su familia, lo pasan mal. Muchos, incluso, no aguantan y tienen que volver a casa.

Con el paso del tiempo, Guillermo Amor llega al primer equipo y pronto es una de las piezas clave en el Dream Team, ¿qué me puede decir de esa época?

Fueron años muy bonitos y muy buenos, con un muy buen equipo y un entrenador que vino y estuvo 8 años, lo cual es complicado. Conseguimos grandes cosas: títulos importantes, disfrutábamos muchísimo en los entrenamientos y el ambiente en la plantilla era fenomenal. El ambiente, como ahora, es clave para ganar y que funcionen las cosas. No se trata de tener solo buenos jugadores, hay que tener mucho más. Fueron años inolvidables para nosotros y para muchos aficionados de aquella época. Pero, claro, ahora estamos saboreando algo muy especial con el equipo que tenemos en estos momentos.

Sandro Rosell dice que el secreto del Barça está en que es un grupo de amigos. ¿Sucedía esto en el Dream Team?

Sí, lo que pasa es que ahora la mayoría del equipo es de la casa: muchos jugadores que llevan muchos años aquí, que sienten los colores, aman al club y lo defienden a muerte. En nuestra época, había también un ambiente estupendo pero era un poco al revés. Tal vez de la cantera éramos menos, había más jugadores nacionales y luego venían los mejores extranjeros que se podían fichar. Actualmente ese papel de extranjeros tan buenos lo está haciendo la gente de casa. Si te fijas, los nominados al Balón de Oro son los de casa, que son el mayor número de jugadores de la plantilla y los que tienen el peso en el vestuario.

Como futbolista ha ganado 5 Ligas, 3 Copas del Rey,  4 Supercopas de España, 1 Copa de Europa, 2 Recopas y 2 Supercopas de Europa. A título individual, es autor del gol 4.000 del Barça en Liga y del 100 en Copa de Europa. ¿Cambiaría algo de tu paso por el Barça?

El pasado no se puede cambiar. Yo creo que las cosas hay que cambiarlas cuando les puedes poner remedio, que es en muchos de aquellos partidos, en muchas de aquellas finales o en muchos momentos en los que quizás tendríamos que haber hecho un pelín más para conseguir mejores resultados; o, a lo mejor, ganar algún título que luego se escapó. Con el paso de los años, cambiar las cosas es difícil. Hay que estar contento, satisfecho, tener la conciencia tranquila y tener el pensamiento de que se hizo lo que se tenía que hacer.

¿Y si le digo Hubert Forstinger en una semifinal de Copa de Europa en el Camp Nou? Fue quien le mostró la amarilla que le impidió disputar la final que ganasteis en 1992.

(Con resignación) No puedes hacer nada. Era la semifinal, éramos muchos jugadores amenazados de tarjeta y creo que el único que caí fui yo. Fue una jugada que, bueno, un balón que queda allí, vas a por él y… pudo pasar. El siguiente partido era la final de Wembley y tampoco sé si hubiera jugado. Siempre decimos que sí, pero hay que jugar, hay muchos compañeros y luego, igual, no estás en ese once. Ha quedado así, pasó y ganamos la final de Wembley, que era lo más importante. Y si a mí y a otros compañeros nos tocó verlo desde la grada, cada uno por sus circunstancias, yo disfruté mucho. Mejor eso que no haber estado en el terreno de juego y haber perdido, como nos pasó en Atenas contra el Milán.

Lo hizo, entonces, porque lo tenía que hacer.

Sí; y luego, además, se ganó la final que era fundamental porque era la primera. Al ser la primera, será muy recordada. Llevamos una época en que hemos ganado más y además somos un club que estamos donde tenemos que estar y, creo, que con posibilidad de seguir aumentando ese palmarés.

Acciones como esa siempre son recordadas. De todos modos, después marcaría, en la Eurocopa de Inglaterra de 1996, el gol ante Rumanía que nos daba el pase a la fase final, ¿una por otra?

No, no creo. A veces el fútbol no es un camino de rosas. No siempre ganas. Hay veces en que no toca reír o estar de fiesta; sino sufrir, llorar o perder. En aquel momento pasó lo mismo: estaba de suplente, me sacó Javi (Clemente) y, al final del partido, un balón que venía colgado la dejó, creo que Alfonso, de cabeza y llegué yo desde atrás. Faltaba muy poco para el final, y nos sirvió para seguir en la siguiente fase. Además, coincidió que acababa de ser padre en esos días y, después del partido, vine a Barcelona a ver a mi hijo recién nacido. Al día siguiente, regresé para preparar el partido, en Wembley por cierto, contra Inglaterra, en el que jugamos muy bien, pero tuvimos mala suerte en los penaltis.

¿Es comparable la Selección de los 90 con la actual?

Sí, puede serlo porque ahora también hay la coincidencia de que hay un montón del Barça en la Selección y, en nuestra época, había un montón del Barça en la Selección. Eso hace un poco más de equipo: el tener un bloque de algún equipo en concreto, en este caso el Barça, funcionando tan bien como lo está haciendo, o como lo hacía en los noventa.

Y en 2003 llega la retirada, pero solo como futbolista. Actualmente es el director de fútbol base del club que le vio formarse. Ahora es usted quien ve cómo crecen futuras promesas. ¿Qué es lo que tiene que hacer el responsable de la cantera del FC Barcelona?

Soy director de fútbol formativo del club: tengo toda la responsabilidad, sobre todo por los chavales. Es un trabajo bonito, que había vivido en años antes cuando pasé en mi época por todo el fútbol base. Llevamos los equipos de fútbol base del Barça, del que todo el mundo habla ahora por los logros del primer equipo. Nosotros estamos ahora, pero detrás ha habido mucha gente que ha hecho un gran trabajo: inculcar una idea de juego y una filosofía clara. Promovemos un fútbol de posesión de balón, muy ofensivo, sin especular, con mentalidad ganadora y que agrade al aficionado. Los chicos son lo que más nos importa y nuestro reto es hacer lo posible para que se sientan bien.

¿Cuántos son los jóvenes que actualmente forman parte de la mejor cantera del mundo?

Actualmente serán alrededor de 207 jugadores. Llevamos los catorce equipos de fútbol formativo, con lo que ello conlleva de mejorar los equipos cada año. Tenemos nueve equipos de fútbol-7 y cinco de fútbol-11. También hay distintos entrenadores, que están haciendo horario profesional, trabajando para el equipo mañana y tarde. Hacemos todo cuanto está a nuestro alcance para que los chicos funcionen como tienen que hacerlo.

Digo la mejor porque pocos equipos, o ninguno, pueden decir, actualmente y con la cabeza alta, que pueden golear a un conjunto de su categoría con una alineación llena de canteranos. ¿Qué sucede en Barcelona?

Los chicos son buenos y, si trabajas con jugadores que son buenos, ya tienes mucho ganado. Luego se trata de que en los años que ellos estén con nosotros, vayan mejorando. Pero es un trabajo de muchísimo tiempo. La prueba son Xavi, Iniesta, Messi, Puyol, Víctor (Valdés) y todos, que han estado en la casa siete u ocho años. Con eso y con todos los métodos que hay de trabajo, es natural que cuando uno llega al primer equipo, sea todo más fácil, más automático. Y se nota en el primer equipo, porque su forma de jugar es la de los pequeños. Nuestra función es no hacer cosas extraordinarias ni trucos de magia, sino que el jugador se dé cuenta de que tiene aptitudes y de que, a base de trabajo, conseguirá algo algún día.

Además, luego pasan años en el primer equipo y no son protagonistas en los periodos de fichajes…

El jugador que trabaja y que lo tiene claro, tendrá más números para llegar. Y una vez se llega, teniendo la cabeza tan bien puesta y sabiendo jugar como juega, es normal que luego se esté tantos años en el primer equipo. Los jugadores de la cantera que hay en el primer equipo se pasan muchos años en él y eso quiere decir algo. Saben cómo comportarse dentro y fuera del terreno de juego y ser humildes en todo momento. Esto es fundamental, pero es más difícil hacerlo que decirlo. El entorno que les aportamos intenta que la persona siga funcionando y que en ningún momento se desvíe.

Cuando la prensa le comunica que se encuentra  en los planes de Van Gaal, dijo: “Espero que mi relevo sea Xavi”. La verdad es que esta frase podría justificar su cargo, ¿no cree?

(Sorprendido) ¿Dije eso? Ni me acuerdo, ¡qué vergüenza! No me veo diciendo esas cosas. Después de tantos años… yo no soy de relevos ni nada. A los 30 me tuve que marchar porque no contaba para el entrenador. Xavi era muy joven y empezaba a entrenar con nosotros. Igual pudo salir esa frase, pero no un “relevo”: cada uno hace su función y nadie tiene que ocupar el sitio de nadie, sino que es confianza en el entrenador y del entrenador en ti. En mi caso era de los veteranos y el entrenador creyó que tenía que hacer un cambio. La salida del Barça fue muy dura: a mí me dolió mucho más el tener que marcharme del Barça que el tener que dejar la profesión de futbolista. Pero no sé si dije eso.

Era en el sentido de que hay que darle paso a la cantera.

Pues si lo dije por eso, mejor. Sí porque, además, ahí está. En los años que van desde entonces, por lo que ha hecho y ha conseguido, está considerado uno de los mejores. En ningún momento ha sido un relevo porque, con creces, ha superado todo y es mucho mejor en este caso que muchos de los que hemos podido pasar. Cuando eres joven, dices cosas que, con el paso de los años si sale algo, dices: “¿pude decir aquello?”

Cuando somos pequeños, la inmensa mayoría de niños queremos ser futbolistas. Vamos creciendo y alguno que es bueno da la sensación de que lo que más le gusta del deporte, es el sueldo. ¿Quizás es porque los futbolistas están sobrevalorados?

Tener un buen sueldo y ganarte la vida con el fútbol es muy difícil. Hay muchos futbolistas que tienen que trabajar a la vez. Para ganarte la vida tienes que llegar a un gran equipo, hacer un buen contrato y, a lo mejor, estar años. Y eso cuesta. Hasta que no se hace un muy buen contrato en el primer equipo del Barça, cuesta mucho. Y el dejar la profesión y, con lo que se ha ganado, “tirarse a la bartola” no es fácil. Tienes que haber sido muy bueno y haber ganado muchísimo dinero.

El factor humano es fundamental.

Sí, creo que es lo más importante. Yo creo que somos personas por encima de todo. Es lo que siempre va a quedar; el futbolista pasa, pero tú sigues siendo persona: vinculada al fútbol si sigues trabajando, o al periodismo, o a la abogacía… Persona. Y el que es una persona “como Dios manda” siempre será una buena persona. Estará preparado para la vida y será querido por la gente. Yo siempre he dicho que si en la vida das, recibes. Es ley de vida.


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