Sobre mi noticia del 15O


La entrada que acabo de escribir se trata de una noticia, básicamente porque ofrece una información al lector, oyente o tele-espectador que se precie. Creo que fácilmente nos podríamos encontrar una noticia de este tipo (aunque creo que de mayor extensión), en la prensa escrita, la radio, la televisión e Internet: de hecho se ha dado el caso. Dependiendo de la ideología del medio, nos la podremos encontrar con mayor o menor tamaño, en portada o en el interior de un periódico (en página par o impar) en la portada o no de una web, en la cabecera de un informativo en radio o televisión, o a lo largo de su transcurso. También podría ir acompañada de un respectivo vídeo (en televisión e Internet); de imágenes en prensa Internet e, incluso en la televisión; y de grabaciones de sonido en la radio. Al ser una noticia de actualidad, todos los medios la han tratado en mayor o menor medida.

Esta es una noticia cuya irrupción ha sido completamente programada: pues desde hace ya varios meses la Plataforma Democracia Real Ya había marcado la fecha de ayer en su calendario y en los últimos días se había establecido la hora para que comenzase la marcha: las 5 de la tarde, una hora antes que en el resto de España, pero mucho después de que ciudades como Tokyo, Hong Kong o Sidney se hubiesen concentrado para reivindicar algo simple: un cambio en el sistema actual que sólo beneficia a una mayoría hacia un modelo más equitativo y libre, donde el “poderoso caballero” ya no sea “don Dinero” y prime más el corazón de las personas que la arrogancia de unos pocos.

A las 17h pues, se iniciaba una marcha en Barcelona que tomaba el testigo de una movilización que estaba recorriendo cerca de 1000 ciudades en el mundo al ritmo de los husos horarios.

En el transcurso de la marcha, me acerco a un indignado que mantiene una especie de discurso ante el grupo de personas que le rodea. Me dice su nombre: Alfredo Lafuente y, ante la pregunta “¿qué opina de todo esto?” me dice de manera breve pero también concisa: “Esto no se va ni con aceite hirviendo”. A frases como estas se unían en diversas pancartas, lemas que bien podrían ser tomados de la poesía romántica o, incluso, de la plena Vanguardia. Uno que se me viene a la memoria era el que iba escrito con letras de, para mí a partir de ahora, tinta eterna y que afirmaba que “quien no se mueve no siente las cadenas”.

Uno más de esos mal llamados indignados (porque ya no son indignados, ayer quedó demostrado que, sino toda, bien conforman una gran parte de la sociedad) portaba una pancarta que preguntaba a un supuesto cargo de poder: “¿acaso pensabas que me iba a quedar en casa viendo el fútbol?” Ayer quedó demostrado que cuando no se tiene nada que perder y se lucha por una causa justa, los muros que se puedan interponer serán siempre pequeños. Ayer a las 16:00 salí de mi casa con destino a Plaça Catalunya. Ayer volví a casa sobre las 22:00 desde Ciutadella abandonando el séquito denominado “columna de sanidad”. En un mañana que sólo el destino puede medir podré, como expresaba el último cartel al que quiero hacer referencia y, con ello, terminar este comentario, “mirar a mis hijos a los ojos y decirles: yo estuve allí”.

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